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martes, 23 de diciembre de 2008

MI NUEVO PROYECTO





A partir de mañana tendré unos días de vacaciones y espero sacar tiempo para llevar a término un proyecto que hace tiempo tengo en mente. Es algo muy sencillo y complicado a la vez. Desde siempre me ha gustado contarle cuentos a los niños, a mis sobrinas, a mis hijos... pero siempre lo he hecho de una forma algo algo particular, y es que yo no me he ceñido a la cantidad de libros que circulan por ahí sino que me ha gustado inventarlos al mismo tiempo que los narraba, pero este tiene su incoveniente: que nunca lo contaba igual porque se me olvidaba. En incontables ocasiones he dicho que los iba a escribir pero luego todo se quedaba en deseos. Ahora espero que pueda llevarlo a cabo. Me gustaría hacerlo para regalarles una copia a cada sobrina para que se los cuenten a sus hijos y a alguna que otra amiga para que se los narren a sus hijos o sus nietos. Este es el comienzo. El resto aun está en mi cabeza y espero que en estos días que aun faltan para Reyes pueda sacar tiempo para volcarlo en el ordenador:

"Me gustan los niños, los adoro. Me gusta tenerlos cerca, besarlos y achucharlos. Tenerlos cerca me hace sentir niña, me olvido de la maraña de complicaciones que los años han ido entretejiendo en mi mente y me zambullo de lleno en su mundo, un mundo pleno de fantasía, donde todo es posible, donde todo está a mi alcance con solo imaginarlo. Un mundo de donde nunca debimos alejarnos. Un mundo en el que, de vez en cuando, todos los mayores tendríamos que refugiarnos para no acabar de perder la cordura.
Siempre que he tenido ocasión me ha gustado compartir un cuento con un niño. Últimamente había tenido pocas ocasiones por no decir casi ninguna, pero no hace mucho conocí a una niñita preciosa que me tendió su manita regordeta y me pidió que le contara uno. Con ella inventé un juego: ella decía una palabra y yo imaginaba un cuento basado en esa palabra.
Aquella noche dimos un largo paseo por un pueblecito de la sierra. El frío hacía que nos acurrucásemos en nuestros abrigos y caminásemos ensimismadas por senderos y mundos desconocidos. Ella me escuchaba atenta y yo daba rienda suelta a mi imaginación sintiéndome más niña que ella. Los demás seguían el paseo hablando de cosas de mayores, algunos iban delante, otros venían detrás. En mi mente perdura la calidez de su mano y esos ojos abiertos como platos, atentos a mi voz.
El recuerdo de aquella noche me ha llevado a tratar de recoger en estos folios algunas de las historias que vienen a mi mente. Están pensadas y dedicadas a todos los niños y en especial a aquellos que tienen un rinconcito en mi corazón, pero sobre todo a aquellos que fueron niños y un día se hicieron mayores y se olvidaron de jugar y de soñar."


CONTINUARA..........


JDIANA

jueves, 27 de marzo de 2008

¿MALA SUERTE? ¿BUENA SUERTE? ¿QUIEN SABE?


Esta tarde, durante la charla con una amiga me vino a la cabeza un cuento que yo creí que había llegado a mí a través de Jorge Bucay. Sentí el deseo de repetirselo y busqué en mis libros pero no lo hallé. En todo caso es un viejo cuento sufí y decía así:

"Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Dios lo sabe."

Este cuento, como casi todos, encierra una gran enseñanza, y es que todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien, y a veces al contrario. De cualquier forma la vida es un camino lleno de desvios, de decisiones, así que será una postura sabia que dejemos a Dios ( o al Universo, como queramos llamarle) decidir lo que es buena suerte y mala, ya que siempre, de una manera o de otra, nos llevará a lo que sea más conveniente para nosotros.

Dedicado a la persona que ha hecho que esta tarde lo recuerde.
jdiana