martes, 6 de mayo de 2008

EL PERDON, UNA LLAVE QUE CIERRA CIRCULOS

En mi busqueda de remedios para sanar hace tiempo que me hablaron del perdón. Como no he rechazado nunca nada sin haberlo probado o investigado y mis ansias de avanzar y conseguir la paz interior eran grandes traté de averiguar que era el perdón y como practicarlo.

En esta busqueda he averiguado que tenemos un conjunto de ideas preconcebidas sobre el perdón, acompañadas de sentimientos que las mantienen firmemente arraigadas. Nuestro concepto del perdón puede provocar dos cosas, o bien imposibilitarnos, limitando nuestra capacidad para la claridad y la alegria o bien animarnos, ofreciendonos una manera de dejar atras el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad. Si creemos por ejemplo que perdonar a alguien significa justificar su comportamiento y tener que aceptar cualquier cosa que haya hecho, entonces tal vez habremos de considerar imperdonables a muchas personas y aferrarnos al rencor para siempre. Esta reacción parece muy razonable y cuerda, porque ¿quien va a justificar la conducta de alguien que maltrata, manipula o es insensible a los derechos fundamentales de otra persona?. De esta manera lo que creemos sobre el perdón nos abre o nos cierra posibilidades, determina nuestra disposicion a perdonar y por lo tanto, influye profundamente en el tono emocional de nuestra vida.

Me dijeron que el perdón es la regla de oro a través de la cual llegamos a conectar con nuestro ser. Es lo único que de verdad alivia y que de verdad sana. Muchas enfermedades mortales tienen que ver con el resentimiento, con la culpa. El perdón genera una sensación de absoluta libertad, porque nos permite desprendernos de esos sentimientos. Todas las enfermedades del aparato digestivo, tienen mucho que ver con la actitud de soltar, de desprendernos de las cosas, pero no lo sabemos hacer. La verdadera posibilidad de redescubrirnos en términos de absoluta libertad, vienen a través del perdón.
Perdonar es un verbo que indica acción. Pero el hombre siempre se ha preguntado: ¿Cómo perdonar? Hay mucha gente que te dice «Yo ya perdoné», pero se encuentra con la persona perdonada o se enfrenta de nuevo a la misma situación y se eriza. No ha perdonado nada. El sentimiento permanece ahí, te lo dice tu cuerpo, tu energía, el recuerdo. Te encuentras con muchas personas que en un momento determinado de su vida tuvieron mucho dinero, se asociaron con alguien que provocó su ruina y que a continuación se pasaron veinte años lamentándolo. ¿Qué significa esto? Que prefirieron quedarse con el papel de víctima impotente y arruinada y no con el de persona emprendedora con potencial para hacer dinero que fueron antes de asociarse. Asumieron el papel de víctimas, se arruinaron y a partir de entonces el mensaje que transmiten es: «Te voy a demostrar el daño que me hiciste, y puedo llegar hasta lo último en mi vida, hasta la muerte para castigarte». Y resulta que la otra persona está disfrutando con el dinero; es gente que se daña a sí misma por el miedo a perdonar.
Practicar el perdón no se trata de la falsa noción de que perdón es presentarse de rodillas ante la otra persona. Es común esa noción de que perdonar es volver a meter en nuestra casa a la persona que a lo mejor nos sacó de ella. Pero no es eso. Perdonar es liberarnos de ese pensamiento, de ese recuerdo, y poner límites de una vez y decirle a esa persona: «Perfecto, fue maravilloso conocerte, hoy comprendo lo que me enseñaste , hoy comprendo la lección que me diste. Y ahora, gracias, pero no te quiero más en mi vida».
La idea real del perdón es llegar a sentir que nunca pasó, que nunca te hicieron daño porque en realidad nadie tiene capacidad para hacerte daño. Si alguien te hiere es porque has puesto tu poder en sus manos, y ese alguien no sabe qué hacer con ese poder y te agrede. Tu ser no puede sufrir ataques, y toda defensa que hagas en tu vida va en contra de tu paz. La paz comienza, cuando dejamos de querer tener la razón.
Mi amigo Juan me dijo una vez que el perdón es una llave que cierra ciclos. Independientemente de cómo actúes ante cualquier cosa, ante una institución o una persona, siempre terminarás perdonándote a ti mismo, porque fueron tus pensamientos los que crearon las energías hacia esa persona, institución o cosa.

La gregunta que yo me hice es la misma que se puede plantear cualquiera: ¿porque perdonar? y la respuesta es sencilla, el motivo mas obvio para perdonar es liberarnos de los efectos debilitadores de la rabia y el rencor cronicos, emociones que más convierten el perdón en un desafio, a la vez que en una grata posibilidad para quien desee una paz mayor. La rabia y el rencor son dos emiciones muy fuertes que desgantan nuestra energía de muchas maneras. Cuando nos perdemos en la rabia nos volvemos sordos a nuestros sentimientos mas profundos, porque hemos aprendido a escuchar aquellos que saben gritar más fuerte.

Perdonar no es justificar comportamientos negativos o improcedentes, sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia, la agresión, la traición y la deshonestidad son sólo algunos de los comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables. Tú puedes sentir que es conveniente e incluso necesaria una medida firme y decisiva, como el divorsio, el pleito o el fin de la relación, para impedir que vuelva a tener lugar ese comportamiento. El perdón no quiere decir que apruebes o defiendas la conducta que te ha causado sufrimiento, ni tampoco excluye que tomes medidas para cambiar la situación o proteger tus derechos. Es posible, por ejemplo, que la idea de perdonar a un violador, moleste e incluso ofenda. Puede parecer imposible perdonar a alquien capaz de agredir tan violentamente a otra persona; y sin duda sería imposible si para perdonar hubieramos de aceptar ese comportamiento. Tampoco es hacer como que todo va bien cuando sientes que no es así. Perdonar no es adoptar una actitud de superioridad o farisea. Si se perdona a alguien porque se le tiene lastima o se le considera tonto o estupido, es que se confunde perdonar con ser arrogante y criticón. El perdon no significa que debas cambiar de comportamiento. Si yo perdono a un a un viejo amigo on el que he estado enesmitada, no significa que por eso tenga que comenzar a llamarlo de nuevo....a no ser que realmente desee hacerlo.

Con todo esto que aprendí comprendí que el hecho de que yo perdonase o nó no cambiaba los hechos pero sí dañaba mi salud, así que decidí intentarlo. Ahora veo las cosas desde otra perspectiva y mi salud va en aumento. El perdón forma ahora parte de mi tratamiento.
jdiana



12 comentarios:

Brujaroja dijo...

En realidad cuando perdonamos nos estamos perdonando a nosotros mismos, el perdón nos libera de la esclavitud del rencor. El perdón nos salva.
Un beso

okaza carlita dijo...

Que dificil Diana, te digo que yo aprendo muchísimo cada que te leo. Yo no puedo todavía, mira que lo he intentado, pero me estoy dando tiempo. Cuando realmente perdone tiene que ser en serio y no mentirme a mi misma. Pero sé que me daña, a mi más que a nadie... o a mi y a nadie más.
Voy a intentarlo de nuevo y te aviso...
Lo prometo.
Besos.

Sabrina Isabel dijo...

Que bonita sos!!!TE Quiero!!!!Mira creo que nunca te pasé mi mail,te lo paso lisasabri2@hotmail.com, creo que te quiero decir muchas cosas!!!Gracias por pasar y cuando yo no paso es porque estoy cuidando a los peques!!!Que historia la del tropezon y la de las alpargatas!!!!!Besos

ElPoeta dijo...

El perdón nos hace grandes, amiga... Mejor que preguntarnos por qué perdonar, yo creo que hay que darse cuenta de lo pernicioso e inútil que es no perdonar... Sólo sirve para amargarnos la vida. Un beso con mi cariño,
V.

Monik dijo...

El rencor solo nos lleva a la soledad y a la ira. Hay que perdonar a los demás, a pesar de los obtáculos que nos encontramos en nuestro camino...

Besos!!

Cristina dijo...

Este post es maravilloso, la pregunta es... ¿te perdonas a ti misma? Eso si que es liberador querida.

Felcidades por el post otra vez, me ha encantado

Milagros Sánchez dijo...

Totalmente de acuerdo con esta filosofía, ya que como bien explicas desde el momento en que permitimos que nos invada el odio, la venganza o el rencor, estaremos haciéndonos daño a nosotr@s mism@s y esto influye directamente en nuestro cuerpo o en la salud.
Como explicas hay que entender el sentido del perdón y tratar de equilibrar mente y cuerpo para lograr que la energía fluya sin bloqueos.
Besos multicolores y nos vemos.

Dinora dijo...

"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón"

-- Jorge Luis Borges


Este refrán que extraje del Vorem, encierra una gran verdad, pero es un poco frío, he sentido mas calidez al leerte a tí

Saludos!!

angela dijo...

¡Felicidades por este maravilloso post!Si el perdón te da alas para no sentirte atada, vuela, vuela hasta donde tu quieras llegar... ¡Felicidades!¡Volveré a tu casa tan entrañable como amena.Un abrazo de Angela

Zinar Ala dijo...

Cuando vi Jesucristo, en una película, crucificado y diciendo “perdónales padre, porque no saben lo que hacen” hace ya 12 años, empecé a perdonar a los que me hacían daño, les saludaba sin perder la esperanza, he conseguido muchas amistades.
Mi corazón y mente no conocen el rencor, aprendí a amar los enemigos y perdonarles porque es la única manera para poder recuperarlos en el futuro.

Besos y abrazos

Conso dijo...

Perdonar-se es fundamental para ir ligeros de equipaje emocional. El odio pesa muchísimo en la maleta, mejor dejarlo fuera.

Abuela Ciber dijo...

Un tema profundisimo y de gran interés.
Lleva años pienso yo, el saber perdonar, es algo de adentro hacia fura, se logra de a poco a medida que vamos creciendo.
Creo que va ligado con muchas cosas, no solo perdonar, sino tambien dar, comprender, amar.
Creo qu es un todo, que con el transcurso de los dias lo vamos perfeccionando y logrando.
Es mi sentir que venimos justamente a ello a mejorar día a día.
Y como cuesta!!!!
Es que todo lo que vale, justamente cuesta.
Cariños, es precioso leerte.