sábado, 1 de diciembre de 2007

UN POCO DE LUZ ENTRE LAS SOMBRAS


Había comido y trataba de descansar un poco, recostada en el sofá. Al fondo, mi marido tenía la tele puesta y a mis oídos llegaban los ecos de las noticias de hoy. Pusiera la cadena que pusiera, en todas hablaban de los tres etarras que han cometido hoy un acto atroz en una ciudad de Francia. Han matado a un joven policía y herido gravemente a otro, ambos españoles, y en su huida han secuestrado a una madre y a su hijo.

Hoy en todos los hogares españoles se compadece a las victimas y se maldice a los asesinos. En toda España se llora por los afectados y se clama pidiendo justicia. De los labios de mi propio esposo escucho decir que “si ahora se les cogiera y se les pegara un tiro en la cabeza a los tres……”

No puedo evitar que se me encoja el corazón. Mi cuerpo se estremece de dolor. ¡Cuánta violencia y dolor hay en el mundo! Pero no puedo evitar sentir otro sentimiento… decepción. ¿Cuándo vamos a aprender que la violencia no genera más que violencia? ¿Cuándo vamos a aprender que el odio no se combate con más odio, sino con amor?

Hoy, cuando la mayoría de las voces que se escuchan, compadecen a las victimas y amenazan a los asesinos, yo no puedo evitar acordarme de las madres de esos pobres asesinos, del dolor que deben sentir en sus entrañas, porque si yo fuese la madre de uno de ellos, estaría aterrada de que una parte de mí hubiera sido capaz de hacer algo así.

No puedo evitarlo, mi corazón está lleno de amor, no puedo sentir odio por los asesinos, solo soy capaz de enviarles un poco de luz para iluminar su camino y rezar para que se den cuenta de que la violencia solo engendra violencia y el dolor solo trae dolor.

jdiana